miércoles, 8 de junio de 2011

Nadal gana la final del roland garros


 En esta ocasión, analizamos la gran final de Roland Garros en la que Rafael Nadal volvió a ganarle a Roger Federer, como ya había ocurrido en tres oportunidades en la arcilla de París. En este caso, se impuso en cuatro sets.
Desde el inicio, la táctica de Federer fue plantear un juego muy agresivo, metido adentro de la cancha y golpeando por momentos de sobre pique, con tal de no ceder terreno en la cancha. Jugó su drive largo y con efecto sobre el revés de Nadal o muy rápido a cualquiera de los dos ángulos, cambiando muy bien los efectos, y las direcciones con su revés, intentando que el español no lograra tomar ritmo y no entrar en "rallys" muy largos.
Una de las claves en el juego de Federer es el saque, ya que con este golpe puede ganar el punto, o lograr que le quede la bola cómoda para comenzar el ataque. Ese arma, justamente, le falló en el cierre del primer set. (5-3).
Luego de ese quiebre de saque, cambió el partido, que se desarrollaba al ritmo vertiginoso que proponía el suizo; pasó a ser dominado por el juego sólido del español, que se acrecentó cuando vio que su rival no supo aprovechar la ventaja en el marcador.
Un set que parecía que se llevaba el suizo (llegó a estar 5-2 arriba y tener set-point) se lo quedó Nadal por 7-5, quebrando el juego y, sobre todo, la cabeza de Federer.
Nadal empezó tenso, jugando algo corto y falto de precisión en sus impactos, pero fue poniéndose más sólido con el paso de los games y jugando cada vez más largo. Fue de menor a mayor, siguió con su táctica de jugar alto o pesado sobre el revés del suizo, intentando hacerlo pegar por arriba de la altura del hombro, con mucha carga de top-spin.
Con su revés, el español intentó jugar cruzado para sacar a Federer de la cancha y luego encontrar el revés del suizo con su derecha. Además, trató de presionar la cantidad de bolas que sean necesarias para provocar el error o conseguir generar el espacio para definir al otro lado con un tiro a tres cuartos de velocidad, un fenómeno del "ataque sólido". Y, obviamente, sus defensas fueron impresionantes, "a lo Nadal".

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